Este 24 de marzo, como cada año, convocamos para marchar por Memoria, Verdad y Justicia. Pero no fue un aniversario más, se cumplieron 50 años del golpe cívico-militar-eclesial que impuso la dictadura en nuestro país.
A medio siglo, la memoria sigue siendo una herramienta vital frente a un presente que retoma y reactualiza políticas económicas y prácticas de disciplinamiento social de aquella noche oscura que creíamos saldadas. Nos encontramos en un contexto que reproduce lógicas de exclusión, desigualdad y violencia institucional, afectando de manera directa a trabajadorxs, a las organizaciones y a la sociedad en su conjunto.





La bicicleta financiera, el avasallamiento de derechos laborales, la desarticulación de políticas públicas, la reiterada acción de ignorar al Congreso, la vulneración de derechos de los sectores más indefensos y la persecución a sindicalistas, autorxs, investigadorxs y artistas configuran un escenario preocupante. A esto se suma un ejercicio del poder que utiliza la crueldad sin ningún tipo de límite, a la vista de todxs, como forma de disciplinamiento, incluso frente a la más mínima expresión del derecho a la protesta.
Como parte de este contexto, desde SiTBA participamos una vez más en las marchas que se realizaron en distintos puntos del país, sosteniendo una presencia comprometida a lo largo de los años. En San Carlos de Bariloche, adherimos al documento elaborado por las organizaciones de derechos humanos, sociales y políticas de la ciudad, reafirmando la importancia de construir de manera colectiva una lectura situada de este presente y sus desafíos. También participamos en vigilias como la de Ezeiza (Buenos Aires).





Para las bibliotecas, los bibliotecarixs y los libros tampoco se trata de un aniversario más. Asistimos a un proceso de desfinanciamiento sostenido, al ataque sistemático a trabajadorxs del Estado y a quienes se encuentran en condiciones laborales aún más precarias -monotributistas, tercerizados-, así como a un ensañamiento particular contra las mujeres, muchas de las cuales, como en nuestro colectivo, son único sostén de familia.
En paralelo, crece una preocupación que atraviesa de lleno nuestro campo porque además pretenden decirnos qué leer: los intentos de censura, la prohibición de materiales y prácticas de biblioclastía contemporánea que buscan restringir el acceso a la información y condicionar las lecturas posibles. El ataque a la cultura, la producción de conocimiento y la circulación de ideas no es abstracto: se expresa en políticas concretas que impactan en nuestros espacios de trabajo. Se ataca a autoras, libros y temáticas, especialmente aquellas vinculadas a la Educación Sexual Integral (ESI), en un claro intento de disciplinar no sólo los cuerpos sino también las ideas.
A 50 años del golpe, también es imprescindible recuperar y sostener la memoria de nuestrxs compañerxs trabajadorxs del colectivo bibliotecario detenidxs-desaparecidxs, perseguidxs por su compromiso político, social y cultural. Sus historias forman parte de la trama de nuestro campo profesional y sindical, y nos interpelan en el presente. No son solo parte del pasado: son presencias que siguen marcando el camino de la organización colectiva y la defensa de los derechos. Invitamos a conocer y recorrer sus historias en sitba.ar/presentes





Frente a este escenario, no podemos permanecer siendo meros espectadores del cercenamiento de derechos. El futuro negro que nos ofrecen no puede ser una zanahoria a seguir, y mucho menos un destino inevitable. Organizarnos, hoy más que nunca, implica fortalecer la solidaridad, la empatía y el compromiso colectivo. Porque, como nos enseñaron las Madres, la salida no es individual: la salida -porque la hay- es colectiva, con otrxs, unidxs y en lucha.






