por Sandro Alcácer
Parece una película de ciencia ficción, pero no. Más bien es una saga más de la película que viene repitiéndose desde hace unos años, profundizada por Ignacio Torres un gobernador que, en campaña, puso de ejemplo a su madre docente, y gracias a eso, conocía la problemática docente provincial. Entre promesas, juró colocar «al docente donde se merece, allá arriba».
Han pasado dos años y medio de mandato, y los salarios docentes en particular, y los de casi todo el sector público, en general, se encuentran por debajo de la canasta básica. Si hablamos del salario básico, en la actualidad el sueldo docente es de 360 mil pesos, llegando con varios ítems a 700 mil. En Chubut, una familia tipo de cuatro integrantes necesita un ingreso de 1.9 millón de pesos para no ser pobre.
A mediados del mes de abril, el Ministerio de Educación convocó a una paritaria salarial que, unos días más tarde, canceló. Esta acción llevó al colectivo docente -y, por supuesto, también a bibliotecarios de instituciones educativas- a decir basta. Así comenzaron las manifestaciones, dentro y fuera de las escuelas, en diferentes horarios y lugares, durante días hábiles, feriados y fines de semana, invitando a la comunidad toda. Las marchas se hicieron visibles… y numerosas.
Ciudades como Puerto Madryn y Esquel comenzaron con la demostración de agotamiento, bronca y cansancio. Acciones que empezaron a replicarse en el resto de la provincia, siempre de manera pacífica, convocando a la comunidad, y siempre con respeto.
Tomó nota el gobierno provincial, o eso pareció. Convocó una reunión paritaria de emergencia para el miércoles 29 de abril, prometiendo mejorar la propuesta de 1,2% de recomposición salarial. Porque no estamos hablando de aumentos: estamos hablando de recomposición, de recuperar un ingreso que perdió el 45% de su poder adquisitivo en el sector público de Chubut.
Mirando al futuro
La reunión paritaria terminó con un rechazo total de la propuesta ministerial del 1,2 % mensual durante 3 meses, para después seguir hablando y negociando.
Estas actitudes están dando pie a una desobediencia civil que comienza a observarse por estos días, por ahora en el ámbito docente y focalizada en Puerto Madryn. Aparecen también, fenómenos novedosos, como directivos de muchas escuelas que se han reunido para elaborar actas que comunicaban su apoyo a la lucha y negándose a informar al Ministerio qué colegas docentes, bibliotecarios o auxiliares adherían a las huelgas.
En las manifestaciones frente al Ministerio, en Rawson, los colegas se manifestaron en la puerta y, desde adentro, los empleados también acompañaron el reclamo.
Al gobierno provincial le queda poco margen de maniobra, y al desgobierno nacional de Javier Milei se le está empezando a incendiar las provincias. No sabemos demasiado sobre qué está pasando en el resto del país, pero en Chubut podemos decir que esta película ya la vimos y, si no cambia, tendrá un final poco feliz.

