El Ministerio de Educación de la Ciudad de Buenos Aires implementa la huella digital y el Registro Digital de Asistencia, escondiéndose sobre la tan mentada calidad educativa. Sin embargo, esta medida no es más que un plan sistemático para vaciar la escuela pública, disciplinar a sus trabajadorxs e incorporar un entramado de negociados que para nada garantiza lo que prometen.
En CABA, el control de asistencia ya no es un acto administrativo, sino un ejercicio de vigilancia biométrica. La reciente resolución sobre el Registro Digital de Asistencia, que condiciona el cobro de adicionales salariales al registro de la huella digital antes del 22 de diciembre, es la última estación de un tren que busca deshumanizar la tarea pedagógica.
1. No somos un ítem de inventario: lxs bibliotecarixs frente al control biométrico
Desde SiTBA siempre insistimos en el trabajo conjunto que se construye dentro de la comunidad educativa. Esta medida afecta no sólo nuestra tarea, sino también la de todo el plantel pedagógico de la escuela.
En el cao de lxs docentes, al igual que en el de lxs bibliotecarixs, este control exceptúa las horas que se dedican fuera de la escuela para que la misma brinde cada día formación a sus educandos.
En nuestro caso, como bibliotecarixs la riqueza de nuestra labor reside -entre otras cosas- en la organización de la información para el pensamiento crítico, en la calidad de la mediación lectora y en el acompañamiento a toda la comunidad educativa. Detrás de ese trabajo hay horas de selección de material, investigación de autorxs y títulos, gestiones de compras fuera del horario escolar por citar solo algunas de las actividades que no quedan “registradas”. En el mismo sentido, el trabajo docente implica horas de preparación, elaboración y corrección que tampoco se computan. Sin embargo, el Gobierno de la Ciudad pretende reducir nuestra complejidad profesional a un simple pulso sobre un sensor.
Esta pedagogía de la sospecha pretende convencernos de que el control mejorará la educación. Pero en las bibliotecas sabemos que más vigilancia no equivale a más lectura, ni a mejores colecciones, ni a escuelas más dignas. En el contexto de una reforma laboral y educativa impulsada por el gobierno, estas medidas no buscan la calidad: “el control se vuelve un fin en sí mismo”, encubriendo prácticas de disciplinamiento que garantizan trabajadores más controlados, menos críticos y menos escuchados.
2. El manual del vaciamiento: suprimir derechos con un negocio para pocos.
Desde SiTBA denunciamos que el Registro Digital de Asistencia funciona como una herramienta de propaganda. Al instalar dispositivos biométricos, el mensaje que se envía a las familias es claro: “La educación falla porque los docentes no cumplen”.
Es la vieja estrategia de las corporaciones que hoy inciden en las políticas del Ministerio de Capital Humano y del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires:
- Desfinanciar las instituciones (menos presupuesto para libros, edificios en ruinas),
- Estigmatizar a lxs trabajadorxs (presentismo, biometría, persecución),
- Ofrecer luego la «solución» privada (vouchers, libertad de mercado, homeschooling).
Es un círculo vicioso diseñado para que los gobernantes de turno se queden con las migajas, mientras entregan la soberanía educativa a los intereses del mercado.
Lejos de mejorar la calidad educativa, las condiciones edilicias o los procesos de enseñanza y aprendizaje, este sistema solo logra llenar el bolsillo de quienes proveen estos servicios. Pensemos que solo en CABA existen aproximadamente entre 2.700 y 2.750 escuelas de todos los niveles (Inicial, Primario, Medio y Superior No Universitario), de las cuales la mitad -alrededor de 1.200- son de gestión pública.
En nuestra disciplina, clasificar es ordenar para encontrar. Pero lxs funcionarixs de turno están usando la clasificación para marcar y castigar. El Registro Digital de Asistencia funciona como una etiqueta de «baja» automática si el sistema no detecta actividad, ignorando que nuestra tarea a menudo excede los muros de la institución o el tiempo rígido del reloj.
Un sistema que prioriza la huella sobre la idea, y el algoritmo sobre el vínculo pedagógico, es un sistema que está perjudicando la educación. Berguier y Rubinstein advierten con lucidez que estas tecnologías «vienen a reemplazar la confianza por el algoritmo». La verdadera «asistencia» es la que garantizamos cada vez que abrimos la biblioteca; la verdadera «calidad» es la que se construye con salarios dignos y libertad de cátedra, no con sensores.
El documento oficial de la Subsecretaría de Gestión de Recursos Humanos es taxativo: el registro biométrico no es opcional, sino una condición para el cobro salarial. La gestión establece que, de no registrar la huella digital antes del 22 de diciembre de 2025, se suspenderá el pago del concepto «adicional salarial» hasta que se regularice el alta.
Pero el avance sobre nuestros derechos no termina ahí. El Anexo I advierte que el sistema está programado para disponer bajas «en tiempo y forma» de manera automática cuando se verifique un período determinado sin registros de ingreso y egreso. Esta automatización de la cesantía ignora las particularidades de nuestra tarea y delega en un algoritmo la continuidad laboral, transformando una herramienta administrativa en un mecanismo directo de expulsión.
Este avasallamiento es parte del mismo plan que impulsa la Ley de Libertad Educativa. Al declarar la educación como «servicio esencial» y ahora tecnificar el control de asistencia, buscan quebrar nuestras conquistas y nuestra identidad gremial.
Desde SiTBA llamamos a todxs lxs bibliotecarixs y a la comunidad educativa a no caer en la trampa del tecnicismo. No es modernización: es disciplinamiento.
No somos un registro digital, somos trabajadorxs de la educación y la cultura. Basta de sospecha sobre docentes y bibliotecarixs. Defendamos la escuela pública frente al negocio de unos pocos.


